miércoles, 12 de diciembre de 2012

Femicidio


El femicidio ni es natural ni es privado. Es cultural: el patriarcado es su causa, y es social porque una sociedad no puede quedarse mirando cómo matan a sus mujeres como si de cuestiones individuales se tratase. Ese es un doble prejuicio muy difícil de combatir pero imprescindible hacerlo si queremos avanzar con lo que ya sabemos, con lo que ya estudiamos y aprendimos.
El campo de la prevención es el único que puede hacerle límite a este drama social. Y conviene recordar que, siendo un drama social, se materializa en cada caso, en cada casa familiar donde, toda la prensa lo dice, las mujeres adultas y las niñas corren más riesgo que en la calle. Con este aspecto del caso a caso, entramos en la clínica.
El psicoanálisis puede enseñarnos a prestar una escucha sin prejuicios, una escucha que no ponga la etiqueta, que no piense que porque estuvo sometida y sostenida de un discurso que la dejaba muda, ella no tiene voz ni voto en su vida actual y en la que pueda procurarse. Una posición tal la del analista que no dictamine que eso no tiene buen arreglo posible, algún parche tal vez pero…
Es obvio que no se debe entrar ni al trapo ni a saco. Es necesario que el analista esté analizado para qué su angustia no precipite una salida a destiempo del consultorio. No es fácil.
Pero es posible.
Partimos de una víctima. No es cuestión de discutirlo. Pero tenemos que poder conducir una cura que la lleve a sostenerse de otro discurso. Para ello voy a señalar en este texto un par de cosas.
Las mujeres una a una, salen de esa trampa, se transforman. Producen una vida otra que la que vienen padeciendo y produciendo en el mismo movimiento de no salida en el que estaban atrapadas.
Y en eso no son distintas de los demás, hombres y mujeres que vienen a psicoanalizarse por el motivo que encuentren para iniciar su viaje. Es necesario poder llevarlas a incluirse, es necesario que podamos pensarlas con las estructuras freudianas que Lacan nos enseña a potenciar.
Pero una clínica menos tonta ha de obligarnos a los psicoanalistas a producir los textos que planteen seriamente qué ha pasado, cómo han quedado como resultado de atravesar ese drama social en las carnes propias, y en qué consiste ese aislamiento singular que las ha convertido en personas que como ya se ha dicho, duermen con el enemigo. En su cama y en el efecto devastador del sometimiento en el que están inmersas.
Una clínica menos tonta es aquella que lleve a usar los recursos ahí, donde hay salida posible. Una clínica menos tonta será aquella donde los psicoanalistas dejemos de tener que entrar con tanto cuidado al tema, como si defendiéramos barbaridades prejuiciosas.
Una clínica menos tonta será una vez más, aquella que piense la singularidad de estas mujeres en este tiempo que es el nuestro.

Bibiana Degli Esposti
Psicoanalista


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