viernes, 14 de diciembre de 2012

Del tú o yo del egoísmo al tú y yo del amor o Cuando las leyes adelantan y los sujetos atrasan.




Llegamos al mundo entre palabras, inmersos en un discurso  sobre la vida que nos van trasmitiendo desde niños, en cada familia,  cada comunidad,  cada país. Y en ese discurso vamos formando nuestro ideal: de familia, de sociedad, de país. Todos y cada uno de nosotros fuimos incorporando significantes que formaron nuestro ideal narcisista, nuestro yo en el mundo.
Sigmund Freud se ocupó de demostrar con su trabajo teórico que todo sujeto está sobredeterminado inconscientemente, tanto en su modo de amar, de desear, como en sus modos de sufrir. La ideología de cada sujeto también funciona de modo inconsciente. La doble moral sexual de la que habló Freud, es una muestra de  esa partición que tiene el sujeto entre lo que dice ser y lo que desea a nivel inconsciente.
Los cambios que se producen a nivel social, por adelantados que sean, chocan con esa construcción del mundo y en muchas oportunidades surge el miedo a que se vean  cercenadas ciertas creencias que mantuvieron nuestros antepasados, nuestros padres y hasta nuestros pares. Creencias, ideales y prejuicios que nos van conformando como sujetos.  De ahí la frase popular: Más vale malo conocido que bueno por conocer.
El psicoanálisis  permite interrogar y transformar esos ideales que  el sujeto se ha visto obligado a sostener por su sobredeterminación inconsciente. Es así como el Yo que habla en la sesión de análisis es un vasallo de un discurso que habla por él. La función que Jacques Lacan adjudica al Yo es la del desconocimiento.
En los últimos tiempos se han producido  en Argentina cambios sociales a partir de la sanción de leyes como la del matrimonio igualitario, la  ley de trata de personas, y la discusión sobre el aborto que aún sigue inconclusa. Estos cambios, entre otros, han puesto de manifiesto que no se trata solamente de la ampliación de derechos para ciertas minorías,  sino que aquellos ciudadanos que ya gozaban plenamente de esos derechos  han sentido  temor a perder.
¿Qué puede perder una pareja heterosexual cuando una pareja homosexual accede al matrimonio? En la realidad nada. ¿Dónde se da entonces esa pérdida? ¿A qué nivel se siente la amenaza? ¿Qué pierde la sociedad cuando una mujer aborta un embarazo que no quiere llevar adelante?  ¿Qué cuando se defienden los derechos de una mujer sometida a la trata de personas?
Si bien hay intereses religiosos, económicos, ideológicos y  hasta éticos, el psicoanálisis viene a mostrar que también hay una causa inconsciente, siempre desconocida al sujeto que la porta. Como un mensaje que llevamos tatuado en nuestra cabeza y que sólo los otros pueden ver porque nos lo han hecho mientras dormíamos.
La sociedad no da la bienvenida a la inclusión del prójimo, del diferente, ya que el yo busca constantemente lo igual, lo semejante. Por eso toda ampliación de derechos sólo puede llegar a  realizarse luchando enérgicamente contra los ideales de una sociedad patriarcal y anacrónica. Así como sucede frente a una enfermedad donde podemos comenzar un tratamiento o dejar que ella continúe con su evolución espontánea, cada sujeto podrá trabajar sus prejuicios en un psicoanálisis o simplemente entregarse a ellos, reforzándolos.
El otro semejante, diferente, nos quita la ilusión de completud, nos arranca de la plenitud ficticia de estar entre “gente como uno”  o como dicen por ahí “como chanchos” y en ocasiones el surgimiento de esa diferencia funciona como una amenaza a la integridad del yo. Una amenaza de castración.
Nadie ama al prójimo como a  sí mismo, porque el amor a sí mismo lleva implícito el más profundo desconocimiento que el sujeto tiene consigo mismo. Las enemistades entre países vecinos, las diferencias que terminan en guerras históricas, la usurpación del territorio del otro, el robo de lo ajeno, la destrucción o la muerte sólo por el goce que entrañan a la pulsión, así como la  agresión y la muerte formalizadas bajo  aparatos estatales o corporaciones económicas, apuntan siempre a la eliminación del prójimo en pos del sostenimiento de algún ideal o interés narcisista.
El otro o yo. La bolsa o la vida. Una elección forzada que engendra la más atroz de las agresividades en el humano,  dejándolo en una soledad donde el otro siempre es amenazante y para mantenerse entero hay que destruirlo. El otro día leía una frase que decía que en el capitalismo se trataba de O tú o yo y nunca de Tú y yo –del discurso amoroso- y esa posición siempre engendra una pérdida para el sujeto, y para la sociedad en su conjunto. La pérdida de las relaciones sociales como potencia productiva y la pérdida en la posibilidad de amar son algunas de sus posibles consecuencias.
Renata Passolini. Psicoanalista

2 comentarios:

  1. El otro dia al leer un prejuicio sobre la asignación por hijo ligada a la educaciónb, prejuicio según el cual, las y los directores del colegio firmaban que el chico estaba escolarizado aunque no lo estuviera por un supuesto miedo a la agresión por parte de "la negra de la madre de ese chico". Y yo pensé, ¿o hay muchas y muchos directores de colegios que firman para que "los negros, esa gente que no es como uno" no acceda a los estudios?

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  2. Que muchos chicos accedan a la escolaridad resuelve algunos problemas, pero genera otros, como una posible "igualdad de oportunidades" con los otros chicos a los que supuestamente el estado no ayuda. Entonces hay que tolerar que la brecha se achique, y eso no siempre sucede. Si se achica la brecha se generan nuevos problemas. Tal vez por eso se habla tanto de la división que sufre nuestra sociedad, se lo remarca demasiado por el temor a que algo nos empareje con el otro, aún siendo diferentes. Me acordaba como en el Chavo del ocho, doña Florinda le decía a su hijo "no te mezcles con la chusma" y eso fue hace muchos años ¿no? y era un programa dirigido a niños...

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