Freud en El chiste y su relación con lo inconsciente, realiza una distinción entre el chiste, lo
cómico y el humor, señalando que la diferencia estriba en que el chiste es el
ahorro del gasto psíquico de la represión de un pensamiento, “chistear” en
lugar de reprimir; mientras que lo cómico es el ahorro del gasto psíquico de
una representación, de una imagen, alguien nos representa para reírnos de
nosotros mismos. Y en cuanto al humor, el ahorro se produce sobre el gasto
psíquico que consumiría un sentimiento. El humor hace ambiguo todo lo que toca.
Ver la mueca de lo cómico en lo trágico,
decía Melville en su Movy Dyck, no hay dudas el lenguaje es el protagonista
siempre, y allí nunca es una versión la que reina. El to be or not..., que
aparece como pregunta angustiante el Hamlet, es una frase que puede
transformarse en cómica, sólo con hacer como el comediante, que mientras lo
pronunciaba una y mil veces, se rascaba la cabeza. Lo real, lo imaginario, con lo simbólico
abrochando la escena, provoca gracia en el sujeto. El agrado risueño de la
repetición de la misma frase, y con un gesto distraído, se produce porque en
ese momento, está allí presente toda la dimensión del lenguaje, y como sabemos,
la verdadera agudeza es de las palabras.
Hamlet era un experto en los juegos de palabras, juegos de
equívocos, dobles sentidos, como cuando dice: “Economía, Horacio, economía,
los manjares cocidos para el funeral, se sirvieron de fiambre en la mesa
nupcial”. En el humor está en juego
el límite de lo mortal del sujeto, allí, lo establece, con este foils, voy a
morir; por eso es innato al humor la autoreferencia, solamente en ese juego con
la muerte, adviene como un don.
La experiencia del humor, no es de todos, es para el sujeto, un
privilegio. Produce admiración, entusiasmo; el yo no es afectado, por el
contrario, logra encontrar placer en lo penoso de su existencia. Desde allí
podemos pensar al sujeto vivenciando su división constitutiva, su condición
sexual y mortal, con una ganancia de placer y con ahorro de sufrimiento.
Desobstruye así una vía para acercarse a lo imposible de decir, y le permite
enfrentar su malestar cotidiano, con un cierto grado de esperanza, y en una
sonrisa recuperar la alegría de la infancia, una edad, como decía Freud, en la
que ignorábamos lo cómico, no teníamos ingenio, ni necesidad del humor para
sentirnos felices.
Lacan, reúne por un lado el chiste, como el juego sobre el puro
significante; por otro lado lo cómico, como revelación de «la verdad del sujeto
en un objeto velado que se hace surgir». Ese objeto faltante, es el falo de la
comedia, ya que presentifica al deseo en
tanto que no se lo reconoce, y es por ello, que la realidad no puede oponerse.
La comedia pone en escena la «trampa del deseo»: la ilusión de llegar a
responder a la demanda. Un instante de felicidad. La máscara sonriente de la
comedia.
El chiste comparte con el humor las posibilidades que entrega el
lenguaje, esa fuerza libidinal como descarga social que derivándose en el
significante, va ir encontrando en la risa una suerte de “acodadura con lo real
imposible de decir”. Cada sujeto trata con sus particulares maneras, de
arreglárselas con la insistencia cruel del Superyó, que siempre lo pone en
falta, y sustituirlo por la función ordenadora del padre.
El chiste es un juego de uno consigo mismo, pero exige un tercero,
que a través de su risa consagre la verdad inconsciente; lo cómico tiene sólo
dos polos, el yo y el objeto. El humor también está en ese campo, puesto que no
carece de «afecto», como lo cómico; Lacan nos dice que incide en lo
inconsciente, en la medida en que el yo se defiende allí de lo real gracias al
polo positivo del Superyó (ideal del yo); pero su circuito acabado tiene lugar
en el sujeto. El humor es lo que el Superyó aporta a lo cómico. Lo cómico puro
está fuera del chiste.
Freud formula: lo cómico es el efecto y el chiste más bien la
causa; y subraya que lo cómico es de entrada «hallazgo», es un destello, una
sorpresa; en cambio chiste es algo «elaborado». Lo cómico puede «enmascarar» al
chiste, al hacer «tolerable» la verdad inconsciente que en él se revela.
Durante el proceso de un psicoanálisis, el chiste abre la escucha
del analista al trabajo del inconsciente, porque aparecen allí los conceptos de
condensación y, desplazamiento propios del proceso primario. A su vez, la
esencia del chiste está siempre condicionada al oído del otro, ese es su desafío mayor: que a través de su
goce con el significante, se logre en
esa articulación, un destello de verdad, donde el otro es enlazado.
En el buen humor no se está en querella con el Otro, allí
el sujeto se las ingenia con sus incertidumbres, con inconsistencia en ser. Por otro lado, Lacan
define al mal humor, como un toque de lo real, un cuerpo incómodo que no
encuentra alojamiento en el lenguaje, al menos no de su agrado.
La tragedia en el teatro es un prolongado lamento, pero vibrante,
transmite toda la piedad y el terror del engarce de la vida y la muerte. No es
que en la tragedia o en la comedia haya diferencias en sus temáticas, sino que
la diferencia estriba en las máscaras, en la manera de encubrir los
sentimientos. En la comedia reina el rodeo, los caminos indirectos, los
enredos, la ironía, es capaz de hacer trascender un sufrimiento hasta la
alegría. Por otra parte, en la tragedia, el camino es más corto y más directo,
el ascenso de Antígona al suplicio, donde las preguntas sólo conducen al final.
El bien dentro del mal, el mal en el bien.... así tragedia y
comedia parecen enraizarse hasta lo más profundo. La tragedia dice: en medio de
la vida estamos en la muerte, y la comedia le responde, en medio de la muerte,
estamos en la vida.
Sexualidad y muerte, son significantes primordiales del hombre que
lo hacen discurrir en el lenguaje, desde el comienzo de su vida y hasta su
propio final. Y mientras que al humor se lo hace derivar de la sublimación, el
chiste por el contrario, juega con la sexualidad contenida y con la hostilidad.
El chiste verde de contenido sexual y el humor negro, que resalta lo enfermo,
lo mutilado, la muerte, hacen de trasfondo al buen humor, y sus enlaces con la
sublimación. En el discurso, siempre
está en juego la tragedia de los hechos y la comedia de los sexos.
El comentario de Schopenhauer sobre la comedia, que indicaba que
debe apurarse a bajar el telón en el momento de la alegría, a fin de que no
veamos que ha de suceder luego, nos permite pensar, en los vaivenes de lo
psíquico, su temporalidad, y sus
efectos en la vida, todo final feliz conlleva una tristeza, una ironía, y la
marca indeleble del significante final.
Marcela
Villavella
Psicoanalista
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Duas frases me tocaram muito: Sexualidad y muerte, son significantes primordiales del hombre que lo hacen discurrir en el lenguaje, desde el comienzo de su vida y hasta su propio final.
ResponderEliminare En el buen humor no se está en querella con el Otro, allí el sujeto se las ingenia con sus incertidumbres, con inconsistencia en ser. Por otro lado, Lacan define al mal humor, como un toque de lo real, un cuerpo incómodo que no encuentra alojamiento en el lenguaje, al menos no de su agrado.
Se estamos de mal humor é bom trabalhar em análise e produzir outro lugar...
un abrazo a todos de Après Coup