domingo, 17 de febrero de 2013

Tragicómico - Primera parte -


Qué es lo tragicómico? Es esa articulación de dos géneros diferentes, inclusive contrarios: la tragedia y la comedia. Lo tragicómico, liga a la desesperación con la esperanza.
La desesperación, nos hace hablar de lo insoluble, lo amenazante e inescrutable, la encrucijada, el punto, el destino o el camino del sujeto hacia su mortalidad. Y la esperanza, la asociamos con lo circunstancial, la posibilidad, los rodeos, lo múltiple, los juegos sexuales, la polisemia, la suma.
El uso de la palabra tragicomedia, se remonta a la época de la Antigua Roma, pero recién en el Renacimiento, se generalizó el término. Los italianos del Renacimiento  la llamaban “tragedia con final feliz”, y fueron ellos los que inventaron, la tragicomedia pastoral, donde el final feliz estaba implícito desde el comienzo.
Durante ese período, no era considerado un género menor, y llevó un complejo y largo pasaje separar a la tragedia de la comedia, de forma estricta, lo que sucede recién en el siglo XVII. Antes de llamarse tragicomedia se la llamaba, drama libre.
Lo tragicómico de esos tiempos, estaba lleno de conflictos y tensiones sin resolución. Sin embargo, esa idea de tragedia con final feliz, o tragedia trascendida, encuentra una brecha para mostrar cómo partiendo de un asunto conflictivo, de apariencia irresoluble, va encontrando en una nueva forma de estructuración que le permite salir del universo de lo trágico. Ejemplo: Fausto de Goethe, que trabaja hasta lograr un esperanzado final... Generalmente la trama comienza a partir de una perdida insoportable, pero a medida que se va desenvolviendo, se ve la elaboración de un camino posible que permite una salida en la sustitución  de lo perdido, dando alternativas a una nueva manera de vivir.
De esto habla el psicoanálisis, desde su origen.
A las tragedias se las relaciona directamente con la muerte, y a la comedia, a los casamientos o nacimientos.                
La comedia se apodera de la agresividad que desarrolla la farsa, y la tragicomedia la toma ya corregida por la comedia. Pero en tanto el logro de la comedia tiende a moderar la violencia de la agresión –interrumpiéndola, dominándola, etc- la veracidad de la tragicomedia tiende a realzarla o incrementarla.
Un paisaje puede ser bello, grandioso, insignificante, pero jamás podría ser trágico o ridículo. Cualquier cosa que nos convoca llanto o risa, lo hemos humanizado previamente o simultáneamente, en nuestra manera de mirar o de comprender. Fuera de lo propiamente humano no hay trágico ni cómico.
El Psicoanálisis, es un tratamiento que tiene por objeto los fenómenos marginales tales como el sueño, el acto fallido, el síntoma y los chistes... en la medida que tal o cual actividad se erotiza, es decir, es atrapada como mecanismo del deseo, interviene la angustia.
Lo psíquico del sujeto está en su decir. Así como el psicoanálisis no encuentra diferencias en el método para escuchar a diferentes sujetos, ya que lo que se dice estará sobredeterminado por lo inconsciente, así como durmiendo los mecanismos psíquicos trabajan a destajo, al despertar, ningún trabajo se detiene. En la propia estructura de lo trágico, lo cómico, la tragicomedia, la farsa, el melodrama, el sujeto está allí, atrapado en sus propias redes significantes.
La emoción que despierta una tragedia o una comedia en los espectadores está enraizada en el deseo mismo. Ambas a su vez, mantienen una posición frente a la ley. El deseo más poderoso del hombre es desear, no desear algo, sino desear... ni ser buenos, ni ser justos. La ley tampoco es justa o injusta, lo que nos permite la ley es hacer pactos. Pactar porque somos deseantes. La relación que mantienen la comedia y el drama con la ley, se debe a la poderosa fuerza del desear... Al hombre no le interesa ser bueno, hacer el bien, o ser justo, lo que quiere es ser justificado, que esos deseos “injustificables”, sean aceptados.
En lo trágico, hay una ligadura entre el deseo y la acción. “en un mal encuentro, Edipo mata a su padre”. Aquello que pedía ser desviado, se encuentra.
En contrapartida, en lo cómico, tampoco se produce un desvío que dé cuenta del movimiento metonímico del deseo. Lo  cómico se produce cuando aparece un fracaso en la relación del deseo con la acción. Es por esto, que lo cómico, el chiste pertenece a las formaciones del inconsciente, donde la verdad se escabulle, y la predominancia es de la máscara, allí donde la relación entre el deseo y la acción es siempre fallida. La verdad no está en lo cómico al alcance del sujeto.
Todas las formaciones del inconsciente, el síntoma, el acto fallido, el chiste, tienen su existencia en ese fracaso entre el deseo y la acción. Y de allí su surgimiento.

Marcela Villavella
Psicoanalista



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