Qué es lo
tragicómico? Es esa articulación de dos géneros diferentes, inclusive
contrarios: la tragedia y la comedia. Lo tragicómico, liga a la desesperación
con la esperanza.
La
desesperación, nos hace hablar de lo insoluble, lo amenazante e inescrutable,
la encrucijada, el punto, el destino o el camino del sujeto hacia su
mortalidad. Y la esperanza, la asociamos con lo circunstancial, la posibilidad,
los rodeos, lo múltiple, los juegos sexuales, la polisemia, la suma.
El uso de la
palabra tragicomedia, se remonta a la época de la Antigua Roma, pero recién en
el Renacimiento, se generalizó el término. Los italianos del Renacimiento la llamaban “tragedia con final feliz”, y
fueron ellos los que inventaron, la tragicomedia pastoral, donde el final feliz
estaba implícito desde el comienzo.
Durante ese
período, no era considerado un género menor, y llevó un complejo y largo pasaje
separar a la tragedia de la comedia, de forma estricta, lo que sucede recién en
el siglo XVII. Antes de llamarse tragicomedia se la llamaba, drama libre.
Lo
tragicómico de esos tiempos, estaba lleno de conflictos y tensiones sin
resolución. Sin embargo, esa idea de tragedia con final feliz, o tragedia
trascendida, encuentra una brecha para mostrar cómo partiendo de un asunto
conflictivo, de apariencia irresoluble, va encontrando en una nueva forma de
estructuración que le permite salir del universo de lo trágico. Ejemplo: Fausto
de Goethe, que trabaja hasta lograr un esperanzado final... Generalmente la
trama comienza a partir de una perdida insoportable, pero a medida que se va
desenvolviendo, se ve la elaboración de un camino posible que permite una
salida en la sustitución de lo perdido,
dando alternativas a una nueva manera de vivir.
De esto
habla el psicoanálisis, desde su origen.
A las
tragedias se las relaciona directamente con la muerte, y a la comedia, a los
casamientos o nacimientos.
La comedia
se apodera de la agresividad que desarrolla la farsa, y la tragicomedia la toma
ya corregida por la comedia. Pero en tanto el logro de la comedia tiende a
moderar la violencia de la agresión –interrumpiéndola, dominándola, etc- la
veracidad de la tragicomedia tiende a realzarla o incrementarla.
Un paisaje puede ser bello, grandioso, insignificante, pero jamás
podría ser trágico o ridículo. Cualquier cosa que nos convoca llanto o risa, lo
hemos humanizado previamente o simultáneamente, en nuestra manera de mirar o de
comprender. Fuera de lo propiamente humano no hay trágico ni cómico.
El
Psicoanálisis, es un tratamiento que tiene por objeto los fenómenos marginales
tales como el sueño, el acto fallido, el síntoma y los chistes... en la medida que
tal o cual actividad se erotiza, es decir, es atrapada como mecanismo del
deseo, interviene la angustia.
Lo psíquico del sujeto está en su decir. Así como el psicoanálisis
no encuentra diferencias en el método para escuchar a diferentes sujetos, ya
que lo que se dice estará sobredeterminado por lo inconsciente, así como
durmiendo los mecanismos psíquicos trabajan a destajo, al despertar, ningún
trabajo se detiene. En la propia estructura de lo trágico, lo cómico, la
tragicomedia, la farsa, el melodrama, el sujeto está allí, atrapado en sus
propias redes significantes.
La emoción que despierta una tragedia o una comedia en los
espectadores está enraizada en el deseo mismo. Ambas a su vez, mantienen una
posición frente a la ley. El deseo más poderoso del hombre es desear, no desear
algo, sino desear... ni ser buenos, ni ser justos. La ley tampoco es justa o
injusta, lo que nos permite la ley es hacer pactos. Pactar porque somos
deseantes. La relación que mantienen la comedia y el drama con la ley, se debe
a la poderosa fuerza del desear... Al hombre no le interesa ser bueno, hacer el
bien, o ser justo, lo que quiere es ser justificado, que esos deseos
“injustificables”, sean aceptados.
En lo trágico, hay una ligadura entre el deseo y la acción. “en un
mal encuentro, Edipo mata a su padre”. Aquello que pedía ser desviado, se
encuentra.
En contrapartida, en lo cómico, tampoco se produce un desvío que
dé cuenta del movimiento metonímico del deseo. Lo cómico se produce cuando aparece un fracaso
en la relación del deseo con la acción. Es por esto, que lo cómico, el chiste
pertenece a las formaciones del inconsciente, donde la verdad se escabulle, y
la predominancia es de la máscara, allí donde la relación entre el deseo y la
acción es siempre fallida. La verdad no está en lo cómico al alcance del
sujeto.
Todas las formaciones del inconsciente, el síntoma, el acto
fallido, el chiste, tienen su existencia en ese fracaso entre el deseo y la
acción. Y de allí su surgimiento.
Marcela Villavella
Psicoanalista

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