En primer lugar, definamos la palabra “clínica”. Hay una acepción actual que se refiere a una demostración de una disciplina artística o deportiva en general, de carácter pedagógico y modalidad informal.
Los ponentes imparten desde sus especialidades, diversos recursos técnicos, de estilos y contenidos, compartiendo su experiencia ante una audiencia reducida que toma parte activa de la reunión.
Citamos como ejemplos: clínica de basketball, de teatro, musical, de danzas.
Es una asimilación del significado en inglés del vocablo “clinic”, que no fue aceptado aún por la Real academia Española.
La acepción clásica, defina la Clínica como la disciplina más importante en el ejercicio de la Medicina , junto con la terapéutica.
Proviene del término Klini, que en griego significa “cama o lecho”.
Comprende el diagnóstico de la enfermedad realizado al pie de la cama del paciente, a través del relato de los síntomas y de la exploración física.
Vamos a trabajar los ejes propuestos por Lacan en una conferencia brindada el 5 de enero de 1976, en Estrasburgo, a propósito del VIII Congreso de la Escuela Freudiana de Paris, texto establecido por J.A. Miller y publicado en la revista Ornicar (versión francesa) en 1977, que se titula “Apertura de la sección clínica”.
Comienza formulando una pregunta: ¿Qué es la clínica psicoanalítica?...
Y responde: “No es complicado, es lo que se dice en un psicoanálisis”.
Uno se propone decir cualquier cosa, pero no desde cualquier sitio, sino desde el diván (hace una juego homofónico con dit-vent: decir viento…) y luego un giro poético: cuando ese viento se criba, hay cosas que echan a volar.
Incluso es posible jactarse de la libertad de asociar, pero resalta que es una libertad falsa, porque la asociación no es libre en absoluto.
El inconciente quiere decir que las asociaciones son ineludibles.
El sujeto no es libre porque está disociado.
Lacan utiliza un verbo que es “clinicar”, y dice habrá que clinicar, acostarse, dice, la clínica está ligada a la cama: se va a ver a alguien acostado, y no se encontró nada mejor que hacer acostar a aquellos que se ofrecen al psicoanálisis, con la esperanza de obtener de ello un beneficio, que no está previsto de antemano, ni se puede garantizar.
Es indudable que el hombre no piensa del mismo modo acostado o de pie, aunque sólo fuera por el hecho de que en posición acostada hace muchas cosas, en particular el amor, y el amor lo arrastra a toda suerte de declaraciones.
En posición acostada, el hombre tiene la ilusión de decir algo que sea decir, o sea, que importe en lo real.
La clínica psicoanalítica consiste en el discernimiento de cosas que importan, y que cuando se haya tomado conciencia de ellas serán de mucho valor.
Hace una distinción entre lo inconciente, y la inconciencia en que el sujeto ha caído respecto de ciertas cuestiones importantes.
Del inconciente dirá que debe ser designado como una equivocación, una equivocación que siempre es de orden significante. Hay una equivocación cuando el sujeto se confunde de significante, y un significante pertenece siempre a un orden más complejo que un simple signo.
El inconciente que Freud “amasa” en La interpretación de los sueños, da cuenta de que hay palabras que se representan ahí como pueden, pero el concepto es allí muy confuso.
Describe el primer aparato psíquico, con el polo de la percepción en relación a la conciencia, y luego una instancia que será el pre-conciente y luego lo inconciente.
Dice también que todo lo que él denominó “retorno a Freud” en realidad tenía la intención de que se viera cuánto cojea, y que fue la idea del significante la que da cuenta de la marcha del inconciente.
El significante no significa absolutamente nada, no hay ningún vínculo entre significante y significado, sólo hay una suerte de sedimento, de cristalización que se cumple, y que se puede calificar tanto de arbitraria como de necesaria.
Lo necesario es que la palabra tenga un uso, y que ese uso se cristalice en el nacimiento de una nueva lengua. Y si bien hay condensación, esto no elimina el desplazamiento, el resbalón que determina la continuidad de la cadena.
Un psicoanalista no puede dejar de lado la lingüística, pero ella deja escapar cómo se mantiene la verdad en lo que es su lugar.
El inconciente está estructurado como un lenguaje, quiere decir que si bien la lengua ha sostenido sus trucos, estos se han vuelto indefinibles.
El sueño demanda cosas, por el término empleado por Freud en alemán, Wunsch, que significa anhelo, es algo que cabalga entre la demanda y el deseo.
De esas primeras palabras escuchadas, y no se sabe bien por qué vías, se va estructurando el inconciente de cada sujeto, pero Lacan anuncia que si bien Freud tenía razón y el campo es freudiano, el inconciente no es de Freud, sino suyo.
Considera que él fue quien lo aisló verdaderamente a partir de esa función que llamó de lo simbólico, mediante la noción de significante.
A lo largo de toda la Interpretación de los sueños, Freud no habla más que de palabras, palabras que se traducen. En esta conceptualización de inconciente, todo es lenguaje. Pero él no tenía la menor idea.
De igual modo, y más allá de todos los excesos cometidos, del abuso del que participa el psicoanálisis como todas las actividades humanas, Lacan se pregunta por qué no se le piden razones al psicoanalista sobre la forma en que se dirige en este campo freudiano, ya que parece que se actuara como si se supiera de qué se trata.
La pregunta con la abre la conferencia: Qué es la clínica psicoanalítica?...pone en acto que se trata de interrogar al psicoanalista para que rinda cuentas.
Desde el comienzo de su práctica y sus investigaciones, Freud se dedica a encontrar en la relación problemática del sujeto consigo mismo, el sentido de sus síntomas, para revelar sus modos de satisfacción, sus máscaras, sus enigmas.
Era esencial fijar la función del síntoma, porque marca o define el campo de lo analizable.
Lacan sostiene que en nuestra experiencia como analistas, asistimos a esa relación particular de un sujeto a su saber sobre sí mismo que se llama síntoma, y que esto constituye uno de los problemas cruciales para el psicoanálisis, porque el síntoma contiene un ser de verdad donde la palabra se manifiesta como verídica.
En la Lógica del fantasma, de 1966/67, dice:
“Es en el síntoma donde se presenta el problema de saber cómo un nudo de malestar y de sufrimiento, constituye sin embargo el lugar donde se sostiene el sujeto que tiene hacia la satisfacción.”
Y en 1974, en la conferencia de prensa previa al VII Congreso de la Escuela freudiana de Paris, en Roma, respondía:
“El análisis se ocupa muy especialmente de lo que llamo el síntoma….lo que no anda…lo real. De eso se ocupan los analistas y están obligados a hacerle frente, a poner el hombro. Para ello, es necesario que estén terriblemente acorazados contra la angustia. Ya es algo que por lo menos, puedan hablar de la angustia…”
La angustia está dada por esa sensación evanescente que aparece cada vez que el sujeto está despegado de su existencia, y donde se percibe a punto de ser tomado por la imagen del otro, suspensión entre un tiempo en el que no sabe más dónde está, y otro tiempo donde será lo que no pueda jamás reencontrarse.
Por otra parte, la angustia también es una señal, una señal desde lo real que no engaña, ese real que es el soporte de la operación de división del sujeto, entre el deseo y el goce.
En el seminario RSI, dice Lacan que el inconciente es eso que responde del síntoma. Es esencial centrarnos en la función del síntoma, ya que él es la respuesta que puede dar el inconciente.
En esta Apertura a la Sección Clínica , propone que cada analista tenga la ocasión de ofrecer esa experiencia singular y ponga a prueba la estrecha relación entre el procesamiento del goce y el des-anudamiento del síntoma.
También nos indica Lacan, que el analista debe captar el juego que juega el sujeto, debe comprender que él será el picón macho o hembra, según la danza que juegue su sujeto.
En su libro “El día que Lacan me adoptó”, Gerard Hadaad relata que en ocasión de comenzar su análisis, llama al número que corresponde, y al ser atendido pregunta: ¿Es la clínica del Dr. Lacan?...A lo cual su interlocutor responde que sí. Al día siguiente, cuando llega a la dirección indicada, le pregunta al encargado del edificio dónde queda la Clínica del Dr. Lacan, y le contestan: -Primer piso por escalera.
Llega al lugar, a la “clínica” y se sorprende de ser recibido por un analista en su consultorio.
Este apólogo sirve para mostrar la ambigüedad de la palabra clínica, y causa un efecto risueño de verdad. No hubiera sucedido lo mismo con la palabra “práctica”.
La clínica es algo que se sostiene en un nombre: la clínica de Freud, de Lacan o de otro, como un concepto diferente de la práctica.
La clínica supone un trabajo sobre la práctica, que el nombre identifica dentro de un marco más amplio llamado clínica psicoanalítica.
Lacan dirá que es en la trama teoría-práctica-clínica en la que se sostiene el analista, y se le impone tolerar lo intolerable, y mostrarse como semblante del objeto.
“Esto es justamente ante lo que se detiene el neurótico, y lo hace por una razón, en cierto modo, interna al análisis: es el análisis el que lo lleva a esa cita. La castración, a fin de cuentas, no es otra cosa que el momento de la interpretación de la castración.”
Inés Barrio
Psicoanalista


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